La cuestión es esta: Lo que te hizo rico, puede hacerte pobre si no sabés cuándo soltar el volante.

Hoy te voy a contar por qué el 90% de los emprendedores exitosos son un desastre invirtiendo.

Y sí, tal vez sos uno de ellos. Pero tranquilo, no vine a burlarme.

Vine a evitar que te vuelvas a comer el mismo muro.

El caso del genio que quebró invirtiendo

Conocí a un tipo brillante.

Vendía software B2B, arrancó como freelance y en 5 años facturaba medio kilo al año.

Tenía el negocio tan optimizado que su publicidad le rendía 4 a 1 y se quedaba con el 80% del margen.

Un lobo de verdad.

Hasta que decidió “hacer trabajar el dinero” fuera del negocio.

¿La estrategia? La misma que usó para levantar su empresa: buscar oportunidades con retornos de 300% anual.

Metió la pasta en 3 startups, 2 criptos con nombre de videojuego y un proyecto inmobiliario de un “amigo del gym”.

Resultado: se fumó $180.000 en menos de dos años.

¿El error? Pensar que invertir y emprender es el mismo deporte.

Te lo explico así:

En tu negocio, tenés el timón.

Podés cambiar precios, pivotar el producto, hacer un reel con tu perro y vender 50 unidades.

En una inversión, no manejás un carajo.

No podés mover el mercado, ni la política monetaria, ni si el CEO de la empresa en la que invertiste se manda un escándalo sexual en Twitter.

Tu negocio rinde porque vos estás al volante. Las inversiones… son otro juego.

El síndrome del ROI inflado

Te pasa a vos, me pasó a mí.

Estamos malacostumbrados a ver retornos absurdos en nuestros negocios:

  • 200% de ROI en ads
  • 70% de margen
  • Clientes que caen solos
  • Capital recuperado en 4 meses

Entonces cuando ves un fondo que da 8% anual, pensás:

“¿Para qué voy a meter plata ahí si mi negocio me da 300%?”

Y ahí te clavás el primer tiro en el pie.

Estás comparando tu empresa con un bono del Tesoro como si fueran manzanas con Ferraris.

Tu negocio no es una inversión. Es tu trabajo. Aunque no tengas jefe, aunque trabajes desde Bali.

Una inversión real es esa que te paga mientras dormís. Tu negocio te paga mientras transpirás.

Los 3 errores que más caros te van a salir

1. “Voy a invertir en startups porque entiendo el negocio”

No. Entendés TU negocio.

No sabés si el otro founder es un vendehumo o si el mercado se va a dar vuelta en 6 meses.

Invertir en startups es como jugar a la ruleta con los ojos tapados.

¿Puede salir bien? Sí. Pero lo más probable es que no.

2. Aplicar lógica de emprendedor a los mercados

“Bajó la acción, es momento de comprar”.

No. Una acción que baja no siempre es una oportunidad.

A veces es una señal de que viene el apocalipsis.

Tu negocio obedece tus decisiones. El mercado, no.

3. Diversificar sin saber ni qué carajo estás haciendo

Después de perder pasta en “oportunidades”, te da miedo.

Así que te metés en 15 cosas distintas “para no arriesgar”.

Resultado: no ganás en ninguna.

La diversificación sin criterio es como echarle agua a todos los fuegos de la casa… incluso a los que no existen.

La pregunta que te salva el culo

Antes de poner un euro, hacete esta pregunta:

¿Estoy invirtiendo o estoy apostando?

  • Inversión: Da flujo constante, sin que estés presente.
  • Apuesta: Esperás que otro venga a pagarte más.

Si no tenés ni idea de cómo genera "money" eso en lo que vas a meter dinero… estás apostando.

Y apostando, ganan los casinos. Nunca vos.

¿Reinvierto o diversifico?

Buena pregunta. Acá va la regla:

Reinvertí en tu negocio si:

  • Podés duplicar ingresos
  • Tenés sistema validado
  • Controlás los resultados
  • El retorno es mayor al 50%

Diversificá si:

  • Tu negocio ya cubre todo lo que necesitás (y más)
  • Tenés cash para mínimo 6 meses de vida
  • Querés paz, no adrenalina

La regla 70/30 para lobos con cerebro

Cuando tu negocio ya supera los $200K anuales:

  • 70% a seguir potenciando tu empresa
  • 30% a inversiones reales

Pero cuidado: ese 30% no tiene que rendir igual que tu empresa.

No compiten.

El negocio genera. Las inversiones protegen.

Inversiones que no te van a romper el alma

SÍ:

  • ETFs globales bien diversificados
  • Inmuebles para alquiler (que no te consuman la vida)
  • Bonos de gobiernos estables
  • Formación financiera (real, no cursitos de criptos en Instagram)

NO:

  • Startups de tu cuñado
  • Criptos con nombre de perro
  • Trading en calzoncillos
  • Esquemas de “duplicá tu plata en 6 meses”

Dos juegos, dos reglas

  1. Generar riqueza → tu negocio
  2. Preservar riqueza → tus inversiones

No mezcles. No pretendas jugar al ajedrez con reglas del paintball.

Tu ego te va a empobrecer

Lo digo con cariño: tu ego emprendedor puede hacerte perder todo lo que te costó construir.

Porque vas a querer encontrar atajos donde no los hay. Y el mercado no perdona al que se cree más listo que todos.

Invertir bien requiere todo lo que no se te da fácil:

  • Esperar
  • Delegar
  • No intervenir
  • Pensar en 20 años, no en 2 semanas

Es fácil de entender:

Tu negocio es tu mina de oro.

Las inversiones son el banco donde escondés lo que vas sacando de esa mina.

Si te confundís y creés que ambas cosas son lo mismo, te vas a quedar sin oro… y sin banco.