No sé si te diste cuenta…
Cuando un nene de entre tres y cinco años ve un juguete y grita:
“¡Lo quieerooo!”
No está haciendo un análisis racional del precio, de los materiales o de la utilidad.
Está poseído.
Eso mismo es lo que necesita provocar tu marketing.
Porque un marketing efectivo no empuja. No persuade. No discute.
Un marketing de verdad excita.
Provoca.
Despierta deseo.
El problema es que muchos emprendedores siguen pensando como corderos: “mi producto es bueno”, “tiene calidad”, “es útil”.
Y mientras ellos explican… otro lobo se los come crudos.
El lobo no te explica. El lobo te muestra lo que querés. Te hace desearlo.
Ejemplos de lobos sueltos:
- Apple: Nunca habla de RAM ni velocidad. Habla de “Think different”. Y todos los diferentes se sienten especiales con el mismo teléfono que millones de personas. Genios.
- Ferrari: No vende autos. Vende estatus, miradas, reconocimiento. ¿Quién se compra un Ferrari para ir al supermercado?
- Coca-Cola: No vende azúcar líquida venenosa. Vende felicidad, familia, momentos. Y todos caemos.
Entonces, ¿qué desea visceralmente el ser humano?
Te lo resumo como me hubiese gustado que me lo digan a los 20 años:
- Reconocimiento.
- Pertenencia.
- Seguridad.
- Placer.
- Libertad.
- Estar en control.
- Evitar el dolor.
Tu trabajo como lobo no es decir: “mi producto tiene esto”.
Tu trabajo es decir: “con esto, vas a sentir eso que ya deseás”. Y hacerlo tan bien, que ni siquiera se note que estás vendiendo.
¿Cómo lo aplicás hoy mismo?
- Dejá de hablar de características.
- Empezá a hablar del deseo que activás.
- Usá palabras que emocionen. Que duelan. Que calienten.
- Y si querés hacerlo bien de verdad, buscá dónde se cruzan esos deseos con lo que vos sabés hacer.
¿Querés que te ayude a encontrar el deseo que hace que te compren sin pensar?
Entonces aprovechá y reservá una consultoría conmigo. A veces hay cupos. A veces no. Hoy quizás tengas suerte.
Pero mañana… otro lobo se puede adelantar.
Reservala ahora.