¿Por qué este entrenamiento existe?
Porque estoy hasta el moño de ver lobos domesticados.
Gente brillante. Talentosa. Con experiencia real.
Pero que sigue cobrando como si estuviera pidiendo permiso.
¿La razón?
Nunca les enseñaron a hablar de dinero sin temblar.
Bueno, eso se terminó hoy.
Lo que vas a hacer en este entrenamiento:
- Calcular tu tarifa real (no inventada ni emocional).
- Practicar cómo decirla sin pedir disculpas.
- Defender tu precio con elegancia y firmeza.
Esto no es teoría. Es práctica. Acción. Conversión.
Paso 1: Calculá tu tarifa base real
No se trata de “cuánto querés ganar”.
Se trata de cuánto necesitás para no quebrar.
Y desde ahí, crecer como un maldito lobo.
1. Calculá tus costos mensuales mínimos:
- Gastos personales (alquiler, comida, etc.): _______€
- Gastos de negocio (herramientas, software, etc.): _______€
- Ahorro / inversión objetivo mensual: _______€
TOTAL MENSUAL NECESARIO: _______€
2. Definí tus horas facturables reales:
- Días laborables al mes: _______ (máximo 22)
- Horas productivas por día: _______ (máximo 6 a 8, si sos honesto)
HORAS FACTURABLES = DÍAS × HORAS = _______
3. Calculá tu tarifa base:
TOTAL MENSUAL ÷ HORAS FACTURABLES = _______€ / hora
4. Agregá el factor “lobo”:
- Tarifa base × 1.5 = Tarifa Profesional
- Tarifa base × 2.0 = Tarifa Premium
Tu precio no es capricho. Es matemática + visión.
Paso 2: Practicá decir tu precio sin temblores
Acá van los scripts exactos.
Leélos. Repetilos. Interiorizalos.
Para servicios por hora:
“Mi tarifa es X€ por hora. Trabajo en bloques mínimos de Y horas.”
Para proyectos:
“Para un proyecto como el que me describes, la inversión en mi trabajo es de X€. Incluye [lista concreta]. ¿Avanzamos?”
Para tarifas mensuales:
“Trabajo con una tarifa mensual de X€. Te garantiza Y horas exclusivas de mi tiempo cada mes.”
La fórmula anti-nervios:
- Decí el número primero: “5.000€”
- Explicá el valor después: “Incluye estrategia, ejecución y seguimiento”
- Cerrá con confianza: “¿Cuándo quieres que empecemos?”
Paso 3: Lista de frases para defender tu precio sin sonar agresivo
Cuando te cuestionan:
“El precio refleja 10 años de experiencia y un método probado.”
“No cobro por horas. Cobro por resultados. Y esos no se improvisan.”
Cuando comparan con más barato:
“Si alguien te da los mismos resultados por menos, tómalo. Y si no te funciona, ya sabes dónde encontrarme.”
Más dura (sólo en casos extremos):
“La diferencia de precio es la diferencia entre resolver tu problema… o seguir con el mismo problema y menos dinero 6 meses más.”
Cuando no tienen presupuesto:
“¿Has sacado la cuenta del coste de no resolver esto? Ese es tu presupuesto real.”
“Podría ajustar el presupuesto. Pero no el resultado. Se hace bien o no se hace. Cuando puedas permitirte mi tarifa hablamos. Sin problema.”
Bonus: Cómo mantener el control de la conversación
“Antes de hablar de precios, necesito entender bien qué quieres lograr.”
“¿Qué es más importante para ti: el precio o el resultado?”
“No compito por ser barato. Compito por resolver problemas.”
“¿Necesitas que te mande la propuesta formal o ya coordinamos el arranque?”
Recordatorio de lobo:
El que pide disculpas por su precio ya perdió.
Tu precio es información, no una justificación.
Si no te lo pagan, no es culpa del cliente.
Es tu culpa por no haberlo dicho como se debe.
Y si aceptás menos de lo que vale tu trabajo, estás financiando la mediocridad de otro.
La cuestión es esta: si tu cliente no siente un poco de incomodidad al escuchar tu precio, estás cobrando de menos.
¿Conocés a alguien que sigue cobrando como si pidiera permiso?
Mandale este artículo. Le vas a estar salvando el negocio.