La cuestión es esta: "El lobo no pide permiso para entrar al mercado. Pide resultados."
A finales de los 90 no existía "email marketing". Existía mandar correos a lo loco y esperar que nadie te denunciara.
Era el Salvaje Oeste digital.
Sin sheriff. Sin normas.
Sin gurús vendiendo cursos de "copywriting emocional para generar conversión". Nada.
Solo servidores baratos, bases de datos robadas, y un montón de locos como yo intentando vender algo.
Yo empecé ahí. Con scripts de Perl que hoy darían risa.
Con listas de contactos que hoy te costarían 40.000 € en multas.
Con clientes que solo querían "mandalo a todos, Seba, a todos... ¡A todos!".
Y lo peor es que funcionaba.
Funcionaba porque nadie estaba inmunizado.
Funcionaba porque los inbox eran praderas vacías.
Funcionaba porque la gente no recibía 200 newsletters por semana:
recibía dos. La tuya… y la del príncipe nigeriano.
Y sí: muchas veces éramos indistinguibles.
La lección que nadie quiere escuchar
Hoy todos repiten el mismo mantra:
"Construye una relación. No molestes. Haz contenido de valor. Consentimiento. Opt-in. GDPR."
Todo correcto. Todo civilizado. Todo legal.
Pero te digo algo que no te va a gustar:
Las reglas psicológicas que hacían funcionar el SPAM del 90... siguen siendo las que hacen funcionar el email marketing de hoy.
Solo que ahora te piden permiso primero.
El inbox pasó de ser el Salvaje Oeste a ser un territorio regulado. Pero sigue siendo un territorio.
Y en los territorios, manda quien muerde primero.
La diferencia no está en las tácticas.
Está en cómo las disfrazamos.
En los 90, el asunto del email decía: "GANA $5000 EN 30 DÍAS"
Hoy dice: "La estrategia que me generó $5000 este mes (y cómo puedes replicarla)"
¿Ves la diferencia? Yo tampoco.
Es el mismo hambre. El mismo gancho. La misma psicología.
Solo que ahora viene envuelto en papel de regalo con un lacito que dice "valor".
En los 90, enviábamos correos todos los días porque necesitábamos comer.
Hoy los gurús envían correos todos los días y lo llaman "construir relación".
En los 90, creábamos urgencia artificial con temporizadores falsos.
Hoy crean urgencia artificial con temporizadores... que al menos funcionan de verdad.
En los 90, segmentábamos listas por comportamiento (quién abrió, quién no).
Hoy lo hacen con "automatizaciones inteligentes" y lo venden como innovación.
La ingeniería es la misma. Solo cambió el envoltorio.
Y acá viene lo que realmente me cabrea:
El SPAM del 90 era honesto en su brutalidad.
Sabías que te estaban vendiendo.
Sabías que no habías pedido ese correo.
Sabías que era un tipo con hambre intentando sacarte plata.
No había teatro. No había "comunidad".
No había "viaje del héroe" ni "storytelling emocional".
Era: "Tengo esto. Lo quieres. Cómpralo."
Y funcionaba o no funcionaba.
Pero al menos era transparente en su violencia.
El email marketing de hoy es SPAM con buenos modales.
Te pide permiso para hacerte exactamente lo mismo... pero te hace sentir que fue tu idea.
Eso, lobos, es ingeniería de dependencia de manual:
- Te hacen pedir el correo (opt-in)
- Te dan "valor" gratis durante semanas
- Te acostumbran a recibirlos todos los días
- Te condicionan como a un perro de Pavlov
- Y cuando finalmente te venden... comprás contento
Porque "construiste una relación".
La verdad incómoda
No cambió nada.
El inbox sigue siendo un territorio donde luchan por tu atención:
- El banco
- Amazon
- El meme del cuñado
- La newsletter bonita del gurú que escribe como si tuviera miedo
- Y yo
La diferencia es que ahora todos jugamos con las mismas armas psicológicas que nacieron en el SPAM salvaje... pero nadie quiere admitirlo.
Porque admitirlo sería reconocer que:
No estás "educando". Estás condicionando.
No estás "construyendo comunidad". Estás creando dependencia.
No estás "dando valor". Estás sembrando para cosechar.
Y todo eso está perfecto. Es negocio. Es marketing. Es supervivencia.
Pero llamémoslo por su nombre.
El email marketing no es una relación. Es un territorio.
Y vos no entraste a ese territorio para hacer amigos. Entraste para vender.
Las tácticas que funcionaban en el Salvaje Oeste del 90 siguen funcionando hoy.
Solo que ahora las usás con permiso.
Y eso, paradójicamente, las hace más poderosas.
Porque el cordero que te dio su email... cree que fue su decisión.
¿Querés las tácticas sin la nostalgia?
→ Abre la Puerta 8: El Manual Prohibido del Email Marketing Criminal
Las reglas psicológicas son las mismas.
Lo que cambió es cómo las aplicas sin que te denuncien.